Estuches del aire que guardan la pena y el grito. (G. Leguizamón, Me voy quedando.)

5/08/2006

“Esta y otras cosas demuestran…”

Supongamos que en aquel tramo en que la Moratalaz del mediterráneo se estrecha hay un lugar lleno de computadoras. Supongamos que por ahí coinciden el lugar y una argentina con fuego en los dedos y con todavía más fuego en la cabeza. Supongamos además que el fuego, la argentina y aquel lugar del Moratalaz del mediterráneo, en Madrid, se juntan, y nace una cuarta cosa que es incluso mejor que el resto.
Podemos seguir, si queremos, suponiendo. Podemos creer. Podemos, todavía, admirar eso que es más grande que todos nosotros, ese panteísmo de letras que se apiñan en Madrid para yo emocionarme como un pelotudo.
Y por momentos puedo yo poner un dedo acá, así, tapando mis labios entrecerrados, para mirar a Bukowski a los ojos y decirle “calladito, que acá no hay ningún eje podrido”.