Estuches del aire que guardan la pena y el grito. (G. Leguizamón, Me voy quedando.)

2/04/2008

Con ruido de martillos clavando contra el alma. Así mueren. Asi se apagan en el suspiro lerdo. Se repite, sí, tantas veces y es el martillo que pone compás a la cosa.
Baja el sol y nubla la vista y la tarde mira y grita con ruido de pájaros enormes.
Así se van. Asi se apagan los miedos. Se derriten al calor dulzón de la estadía. Todo es, en algún sentido, nada. Una nada constructiva y destructiva a la vez; porque para levantar hay que tirar abajo. Hay que estar, alguna vez, en el barro de lo que quedó.

El Bolsón, una tarde de un enero mancito.